La Llorona, un filme que clama justicia contra el genocidio guatemalteco

Para la antropóloga Alejandra Colom Bickford, productora asociada de la película, uno de los hitos de la nominación es la posibilidad de tender puentes y más «en algunos grupos que dicen que no hubo genocidio, que dicen que (las víctimas) eran todas comunistas, y que obviamente sienten un gran orgullo» por el país.

El tema causa indignación y dolor en unos círculos, negacionistas y en otros escepticismo. Pero, en ambos persiste un orgullo por la obra artística en sí misma y el alcance del cine guatemalteco entre la precariedad del fomento al arte desde el Estado.

Colom, que además actuó en la segunda película de Bustamante, Temblores, dice a EFE que La Llorona pone a Guatemala «en el mapa» con una historia «que detestan» los grupos que niegan el genocidio y que se sienten «incómodos», pero «orgullosos».

La antropóloga también es directora de la Fundación Ixcanul, creada por el director de La Llorona, Jayro Bustamante, y que busca hacer cambios sociales por medio del arte y la cultura.

Una historia en común

El filme de Jayro Bustamante ha generado interés a nivel internacional, con públicos identificados con los personajes y la historia.

Como en el País Vasco, en España, donde «la gente lloraba desconsoladamente», al identificarse con la historia, similar al «conflicto» sufrido en la región con el grupo terrorista nacionalista vasco ETA durante muchos años, relata Colom. «Con esa memoria de pueblo marginado, oprimido, perseguido, les parecía que La Llorona hablaba de ellos», añade.

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Reacciones similares se dieron en China, en Japón y en India, dice Colom, «donde La Llorona se transforma en un personaje que "interpela otras historias similares».

En Latinoamérica, la identificación con la historia surgió tanto de la leyenda del espíritu de la mujer que busca a sus hijos muertos, como del conflicto armado y el genocidio.

El filme mezcla en su contenido a la leyenda guatemalteca de «La Llorona», una mujer que busca a sus hijos perdidos, con el genocidio ixil cometido por el Estado de Guatemala en la década de 1980, en el Norte del país, donde buscaron exterminar a la población indígena con el asesinato de más de 1.500 personas, en la época más cruel del conflicto armado interno (1960-1996).

Dicho genocidio habría sido cometido bajo las órdenes de altos rangos militares, incluido el ex presidente de facto del país (1982-1983), José Efraín Ríos Montt, quien tomó el poder con un golpe de Estado militar.

De acuerdo a Colom, la película propone una visión interna de la familia de un general acusado de genocidio y las dudas de su hija al respecto.

En la vida real, Ríos Montt fue condenado en 2013 a 80 años de prisión por genocidio y delitos contra los deberes de la humanidad como responsable de masacres perpetradas por el Ejército contra 1.771 indígenas ixiles durante su periodo al mando del país, como dictador, entre 1982 y 1983.

Diez días después de la condena en 2013, el tribunal constitucional resolvió por mayoría anular el juicio (y con ello el mismo quedó sin efecto), por supuestos errores en el proceso y ordenó repetirlo, aunque sin éxito debido a la muerte del general en 2018.

La hija de Ríos Montt, Zury Ríos, ex candidata presidencial y ex diputada, es, para Colom, «un personaje (en el filme) que presenta lo que podría haber sido o lo que fantaseamos que tal vez hay dentro (en el seno familiar)».

«En su historia (la de Zury Ríos) ha demostrado en ciertas ocasiones una lucidez muy grande sobre ciertos derechos, como los sexuales y reproductivos», aunque con el tiempo «se ha vuelto mucho más fosilizada».

Abre el diálogo

La nominación a los Globos de Oro y la cercanía a los premios Oscar es también un «enorme» mérito para «La Llorona», subraya Colom, porque la acerca a otros públicos a los que todavía no llegaban, pese al éxito de festivales y premios de la obra, de coproducción guatemalteca y francesa.

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Estrenada en el Festival de Venecia de 2019, La Llorona ha obtenido una veintena de nominaciones y 15 premios internacionales, como el galardón a Jayro Bustamante como mejor director en Venecia y mejor película en la «Giornate Degli Autori».

Bustamente cumple así con su trilogía de filmes (Ixcanul, Temblores y La Llorona) que tratan respectivamente los tres insultos más comunes en un país conservador como Guatemala: indio, ‘hueco’ (homosexual) y comunista, provocando un diálogo con sectores que han guardado silencio antes.

«Yo mido el impacto de los Globos de Oro en función de cuántas amigas del ‘cuchubal’ (reunión) de mi mamá y ex compañeras del colegio están viendo ahora la película, porque representan una clase media, media alta, ladina (blanca), que se aleja de esas historias», celebra.

Fuente: Emiliano Castro Sáenz / EFE.

Fuente: UH