Tiempos poco benignos para Marito

López muestra signos de agotamiento. Hace tiempo que está incómodo en el cargo por la recarga laboral que implica manejar la caja del país, las disputas políticas y gremiales e incluso enfrentamiento con ministros por el manejo del Presupuesto (el último fue con Eduardo Petta). Solo quiere irse. Cuando se le preguntó sobre la demora de su designación, respondió: "Si no sale, igual yo salgo del Ministerio".

López era mucho más que un ministro de Hacienda. Era la mano derecha y el principal pararrayos de su hermano presidente, un muro de contención para frenar los innumerables pedidos, presiones, exigencias de los más variados sectores económicos, políticos, los sindicatos, los ministerios. Rol que cumplió a cabalidad no solo en su calidad de jefe de la hacienda, sino por la relación sanguínea. Estaba cuidando a su hermano.

Ser ministro de Hacienda es una carga pesada, pero lo es más cuando uno debe hacer la desgastante tarea política de negociar acuerdos con el Congreso, rol que corresponde naturalmente a un presidente de la República. Se sabe que Marito no es afecto a esta faena porque le obliga a confrontar a su indisciplinada bancada y dialogar con los demás partidos. Él optó por dejar el trabajo pesado al hermano y alzar de vez en cuando el teléfono rojo de Horacio Cartes para aprobar algunas leyes, teniendo en cuenta que el empresario tabacalero mantiene a raya a su bancada que no discute sus decisiones. En cuanto al resto, la relación es más difícil y compleja ante la balcanización partidaria, ya que debe dialogar con cada uno de los legisladores. Y esto también abre las compuertas a los interminables pedidos e intermediaciones.

PESO POLÍTICO. La gestión política de Benigno era imperceptible, pero influyente. Era la bisagra con el cartismo, especialmente, en el primer turbulento año de Marito cuando la cuerda entre ambos dirigentes era muy tensa. No solamente porque trabajó en su gobierno como presidente del IPS, sino porque formaba parte de la mesa chica del equipo económico del cartismo. Hasta hoy mantiene muy buenas relaciones con Santiago Peña y Carlos Fernández Valdovinos. Una de sus gestiones más impactantes fue aquella visita que realizó el tabacalero José Ortiz al Palacio de Gobierno en marzo del 2019. La entrevista entre Marito y el hombre fuerte de Cartes había generado controversia y enojos en Añetete, ya que muchos consideraban inoportuna e incorrecta en ese momento político. Benigno se hizo cargo: "Asumo mi cuota de responsabilidad en la reunión".

Probablemente quedará en los anales como el ministro de Hacienda con más poder que sus antecesores. No solo influenció para los cargos que tienen relación directa con la cartera de Hacienda, como Aduanas, SET, BCP, BNF, AFD, sino también IPS, Seprelad, algunas direcciones en Itaipú y Yacyretá, Gabinete Social y otras áreas. Últimamente también en Salud, luego del escándalo de los insumos chinos. "Es hombre de Benigno", decían en voz baja los políticos que lo miraban con recelo y que no podían cuestionar su gestión ante Marito. No es lo mismo denunciar a un ministro, que al hermano del presidente.

Durante su gestión no estuvo exento de críticas y polémicas, pero la carga más pesada fue su gestión al frente del IPS, que lo persiguió durante todo su mandato. Justamente, a raíz de una acusación de corrupción al frente de la previsional, la Justicia ordenó la publicación de su declaración jurada de bienes.

SUCESIÓN. El presidente de la República eligió al viceministro de Administración Financiera, Óscar Llamosas, como sucesor. Alguien de la casa que dará continuidad a la política económica.

Si López tuvo que soportar momentos duros como sequías, inundaciones y la pandemia, a Llamosas le queda por recorrer tiempos aún más difíciles: la herencia de la crisis económica pos-Covid19 y la lenta recuperación con déficit fiscal, una elevada deuda pública y como si fuera poco un agitado calendario electoral que ya no para hasta el 2023. En breve se discutirá el Presupuesto General de la Nación, otro punto de conflicto entre el Parlamento y Hacienda. Tendrá que desplegar todas sus capacidades porque no gozará del mismo blindaje de Benigno.

Pero quien queda huérfano es Marito. Tendrá que ocuparse de la economía, porque ya no está su hermano para sacar las castañas del fuego, guiarlo y protegerlo de los ataques. Deberá poner más atención a los números, negociar apoyos, frenar las presiones, cerrar los grifos, confrontar con su partido.

Ahora que ya no puede delegar, no tiene otra que asumir el liderazgo económico en tiempos de incertidumbre.

Así como Llamosas, el examen de Marito en economía empieza también ahora.

Fuente: UH