Thanos se quedó corto |

La premisa básica en el mundo imaginario de los superhéroes es que la popularidad del héroe es directamente proporcional al temor que provoque el villano. Cuanto más miedo genere el antagonista, más querrán los lectores que él o los superhéroes se presenten para salvar la situación. Batman no sería un fenómeno de la cultura pop sin su cantera deliciosa de villanos, y la última película de Marvel no se habría convertido en el filme más taquillero de la historia sin un antagonista de la talla del terrorífico Thanos.

Esta fórmula tan simple se aplica a menudo con igual éxito en la política. Y es que, como en las historietas, en el debate político los guionistas saben que el secreto no está en estimular la razón del (e) lector, sino sus sentimientos. La intención es llevar las emociones al límite, de forma que las inconsistencias del guion o las evidentes imperfecciones o incoherencias del presunto héroe o de la galería de héroes pasen desapercibidas.

En esa línea no hay caricaturización más común en el mundo de la política que las de la izquierda y la derecha. El primer paso para vaciar de cualquier ejercicio de razonamiento un debate político es la simplificación de estas figuras, ignorando la amplia gama de escenarios distintos que suponen en la práctica un gobierno de izquierda o de derecha.

A los efectos de la manipulación emocional, cualquier gobierno de centroizquierda o de izquierda pasa a ser zurdo, lo que para una legión de internautas es sinónimo de comunista. Sin ir más lejos, para ese sector, la Argentina del peronismo kirchnerista es comunista. Es casi imposible explicarles que Argentina es tan capitalista como Estados Unidos, que la propiedad privada existe, que no se abolieron las clases sociales, que los Kirchner mismo han acumulado un enorme capital y que no hay planes siquiera de eliminar el Estado y dejar la administración en manos de la dictadura del proletariado.

En contrapartida, cualquier gobierno de centro o de centroderecha es para otro sector sinónimo de fascismo y de la anulación potencial de derechos individuales. Es complicado recordarles que la piedra angular sobre la que se construye el liberalismo es precisamente la libertad individual y los derechos del ciudadano, que la defensa de los derechos de las minorías discriminadas por cuestiones religiosas, raciales o sexuales fueron admitidas inicialmente en gobiernos liberales, y que el capitalismo en un modelo económico que aplicó China para sacar a 300 millones de personas de la pobreza.

Aclaro que solo estoy lanzando detalles sueltos. El debate político serio es infinitamente más complejo y apasionante, porque cada sistema político tiene aciertos, errores y desafíos distintos. El mismo modelo capitalista tiene hoy el mayor desafío de la historia; la base de su éxito es el consumo, y ese consumo masivo ha puesto al planeta contra las cuerdas. Nadie sabe aún como saldremos de este entuerto.

Lo cierto es que para ese tipo de debates se requiere de información, no de emociones; y a ninguna de las partes antagónicas le interesa razonar sino ganar adeptos construyendo historietas; coloridas, emotivas, simples y de fácil digestión. Que el discurso no coincida con algunos hechos es irrelevante. Que no se haya tomado una sola medida que pueda calificarse de izquierda bajo la administración de Fernando Lugo, o que nunca en la historia se hayan pagado tantos subsidios como bajo el gobierno colorado y de derecha de Abdo son –para esta lógica folletinera– detalles intrascendentes.

Un sector del Partido Colorado, siguiendo esta misma ecuación, busca resucitar al fantasma del comunismo, pero llevando la historia a límites antes nunca alcanzados. En este remozado guion parten de dos cumbres de socialistas, en Brasil y luego en México, y van sumando a todos quienes hayan disentido con su líder tabacalero en algún momento; eso incluye políticos, religiosos, periodistas, los medios donde trabajan esos periodistas y todas las otras empresas que pertenezcan a los accionistas de esos medios. Y todos son comunistas. Periodistas burgueses, dueños de supermercados y obispos católicos buscando destruir el capitalismo y la religión que es el opio del pueblo. Convengamos en que Thanos se quedó corto.

Fuente: UH