-->

Sicópatas de la unidad granítica

El más mentado al interior de la Junta de Gobierno de la Asociación Nacional Republicana, desde hace siete décadas, es este último. En democracia, a efectos suavizadores no es necesario que la unión vaya acompañada por el adjetivo. Se supone implícita su solidez, aunque toda alianza poststronista no arroje la sepulcral unanimidad instaurada por el dictador en los años 50.

Stroessner instituyó el lema radiando hacia el exilio a la oposición interna: extirpando chancros democráticos. El stronismo puro es, por ende, una antialianza. Por eso décadas después, en el atraco a la convención colorada de agosto de 1987, emergió el crepuscular Cuatrinomio de Oro: Una nueva unidad granítica en un postrero acto de hampones militantes. El teatral asalto estuvo liderado por el padre del actual presidente. Una fraternal pandilla de la impunidad política y jurídica, en medio de un oasis de corrupción: Stronismo. Vachetta Boggino prefiere ponerlo en términos siquiátricos: "Una metodología compulsiva de pensar y de actuar".

Se sabe que el lema de la unidad está en permanente revisión como un acto colorado compulsivo. La falta de hogar recordará siempre a un periodo previo a la guerra civil de 1947, a ese heroísmo asesino de los pynandi. Pero, sobre todo, recordará la ausencia del Mastermind, del repartidor del juego en la timba de la res pública. Esos timberos que Roa Bastos definió en Yo el Supremo con metáforas ganaderas y contrabandistas: "Oligarcones" que quieren "seguir viviendo hasta el fin de los tiempos de la cría de su dinero y de sus vacas", del "vivir haciendo el no hacer nada" en el que viven estos "mancebos del garrote", estos "aristócratas-iscariotes", señores feudales que forman un "bando de los contrabandos".

Durante décadas dependiente de Stroessner, la unidad fue y sigue siendo vindicada por distintas vertientes políticas coloradas. Abdo Benítez y Horacio Cartes, con impune hedor a azufre, acaban de reeditar otro episodio sicótico en tal sentido. Sin embargo, hay algo interesante en esto y también de temer.

El concepto de unidad era inseparable del único líder. Si Stroessner no estaba, no había único líder: Lógica última de la unidad granítica hoy aparentemente imposible. La clausura de esta lógica fue el inicio de una transición a la democracia siempre suspensa. Como el mismo dictador habría afirmado con otras palabras, apenas depuesto: una dictadura blanda sin él. Con ocasionales, a regañadientes, concesiones democráticas. Una eterna transición velada por un cadáver exiliado, por una entidad fantasmática que tutela lo que el sociólogo y poeta Mauricio Schvartzman (1939-1997) denominó en Mito y duelo, con profética jerga tecnológica, "actualización del sistema".

Vachetta Boggino define el stronismo como una sicopatía de los "que medran con las necesidades" de las personas. ¿Qué diferencia entonces al régimen colorado de hoy, de aquel reemplazado el 3 de febrero de 1989? ¿Expresará Cartes –porque Abdo no tiene carácter para ello y para nada– el liderazgo de un coloradismo granítico para la total impunidad?

La Operación Cicatriz tiene un oportuno nombre freudiano. Se puede reducir la herida, no borrarla. Queda la cicatriz. Cartes es el más rencoroso sicopático de la política actual. No olvida y cobra caro las afrentas. Desde abril del año pasado reclama, otra vez, su lugar. Aunque sea en las sombras. Por algo es El Jefe.

Fuente: UH