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Las reglas del gallinero

Sostiene que esta tiene la forma de un gallinero. En la cumbre del triángulo están los pocos bienaventurados; disfrutando de privilegios: "Alpiste a piacere, canilla libre, derecho de pernada, ley del gallo, etcétera". Abajo, nada. "Ni siquiera el derecho al cacareo libre".

Los que están arriba en la escala son los dueños de la pelota, los poguasu, los manguruju. Mientras que los de abajo son conocidos como: Valles, koygua, buches, pililitos, partiku (cuando el que descalifica es milico), jagua ry'ái, paranadas, apelechados, ajúra galleta, cajetillos, kuã chapi, último kelembu, etcétera.

Además del divertimento que supone divagar sobre las categorías, o de ponerse cada cual la etiqueta que le siente mejor, Helio Vera escribió a continuación sobre la relación entre los habitantes del gallinero. Esa relación se resume en la inmortal fórmula: "El que puede, puede; el que no puede, chía".

No solo recomiendo leer, leer mucho para despertar un poco las ideas, sino recomiendo la lectura de esta obra; y de paso permitirnos el ejercicio de observar la realidad considerando los criterios de Helio Vera. En el proceso podemos aprender un montón de cosas, y hasta podemos llegar a divertirnos un poco, lo cual en los tiempos obscuros que vivimos significará algo.

Lo que sucedió el fin de semana, por ejemplo, se ajusta bien a la dinámica: "El que puede, puede; el que no puede, chía". Y no me refiero precisamente a los 8 goles que le hizo el Bayern al Barça.

Hablo, como es de esperarse, de la boda de María Sol Cartes y Patrick Bendlin (ya son personajes públicos y mayores de edad, podemos publicar sus nombres, no como el de la niña que lleva 123 días desaparecida). La novia con un imponente vestido, según la crónica de Última Hora, y él, que llegó a la iglesia en un lujoso vehículo descapotable color azul, escoltado por uno de sus hermanos.

Nosotros los "resentiditos" debatimos incluso en el Twitter sobre ¿qué es un mbeju invertido? Según el sitio el omnívoro me enteré de que es un mbeju al cual se modificaron las proporciones de los ingredientes, o sea, probablemente le echaron más queso, o algo así. Además de eso, los invitados también disfrutaron de un menú compuesto por platos exquisitos.

Pero, chismes aparte, aquella boda fue una patada en el hígado para el pueblo paraguayo. Un corte de mangas dirigido a la ciudadanía en tiempos tan complicados como los que vivimos. Los maguruyuses nos dijeron a los buches, que ellos están por encima de la ley. O como escribió en las redes el constitucionalista Jorge Silvero Salgueiro: "Fue un acto de particulares que violó el Estado de Derecho y el principio de igualdad, generó privilegios y discriminación, y le faltó el respeto al sacrificio del pueblo paraguayo en tiempos de pandemia". Decía el jurista que la boda "se autoreguló y se autocontroló estando al margen de toda ley y violando toda ley". Y legítimamente se hacía esta pregunta: ¿Estarán también reservando y acaparando camas en terapia intensiva?

No obstante, por otro lado también hay que reconocer que nuestra indignación es epidérmica. Cuando llega la hora de la verdad, el ciudadano que tiene en sus manos el poder del voto, repite el mismo ritual autodestructivo de votar por los mismos sinvergüenzas de siempre.

El que manda hace lo que quiere. En tiempos de pandemia, cuando está prohibido rejuntarse y aglomerarse, en el momento más inoportuno, eligieron escupirnos sus lujos a la cara.

Primero lo mandó a traer a Macri y ahora la boda de su hija. Cartes lo volvió a hacer; y nosotros y Mario Abdo y Mazzoleni y Euclides se lo permitimos, porque esas son las reglas del gallinero.

Fuente: UH