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Rindiendo Cuentas

Dicho portal (www.rindiendocuentas.gov.py) surgió en medio de las masivas críticas de la ciudadanía por las sospechosas compras realizadas por el Estado, por lo que esta herramienta digital ofrece la posibilidad de ver el avance de los programas sanitarios, los planes de asistencia social y las contrataciones hechas en el marco del Covid-19, así como los recursos utilizados para estos fines.

Pero más allá de los números, es muy importante que las autoridades públicas vayan rindiendo cuentas de su gestión. Hay demasiadas sospechas de corrupción en un momento en que la impotencia y la cólera contenida desde hace años se convirtieron en una olla a presión a punto de explotar.

Los técnicos económicos del Gobierno y del sector privado vienen repitiendo hasta el cansancio que un factor clave para el repunte de la economía paraguaya es la expectativa, pero la expectativa no puede construirse sin confianza. La administración pública debe salir de su histórica comodidad y su aburguesamiento, y tiene que empezar a dar señales a la gente de que verdaderamente algo cambiará.

Los casos de los denominados tapabocas de oro en la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil (Dinac), el fiasco de la compra de insumos por parte del Ministerio de Salud Pública y el reciente polémico pago hecho por el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) a un consorcio ligado a un esquema de empresas supuestamente de maletín son hechos que no solo deben ser aclarados a la opinión pública de una vez por todas, sino que deben ser ejemplos de castigo a quienes intentaron cometer o cometieron delitos con el dinero de los contribuyentes.

En momentos duros y de mucha incertidumbre como los actuales, los tres poderes del Estado deben buscar la cura y no convertirse en guardianes de la enfermedad. Los recursos son bastante limitados por la cesación de las actividades económicas durante varias semanas, lo que no solo significó un gran esfuerzo de los contribuyentes en el cumplimiento de sus obligaciones, sino que implica una gran responsabilidad para los administradores del Tesoro Nacional.

La pandemia del coronavirus nos ha demostrado claramente que el modelo político, social y productivo paraguayo está agotado. La alta concentración de la riqueza, el nulo aporte de los millonarios, una Justicia selectiva y la sistemática pérdida de calidad en el empleo son cuestiones que ya no pueden ser obviadas.

Las reformas que planteará el Gobierno como parte de su plan de reactivación económica (ley del servicio civil, responsabilidad fiscal 2.0, estatuto de la educación y organización del Estado, entre otros) son alentadoras, por lo que es fundamental que los impulsores de los cambios no cesen nuevamente al viejo esquema de los intereses particulares y pongan al ciudadano como eje central.

La clase política ha sido rápida y habilidosa para movilizar la maquinaria en tiempos de elecciones, y garantizar resultados en las votaciones. En medio del hartazgo, la situación obliga a este segmento de la sociedad a realizar los cambios que garanticen una mejor calidad de vida para las nuevas generaciones.

En un país que es constantemente alabado en el exterior por su estabilidad macroeconómica, su solidez fiscal y hasta por su buena administración del pasivo, la desigualdad social ya no tiene lugar. El nuevo pensamiento crítico de la sociedad empuja a repensar un Estado que no ha sido consecuente con la necesidad de la mayoría. Es ahora, o nunca.

Fuente: UH