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Kuwait, Alto Paraná

Es uno de los tres principales populares barrios ribereños de Ciudad del Este, Alto Paraná, junto a San Rafael y Remansito, en donde se han establecido decenas de puertos clandestinos para el tráfico ilegal hacia el Brasil a través del río Paraná. Es una estructura del crimen organizado que se empezó a montar en los 70 y 80, durante la dictadura stronista, y se fue perfeccionando en la democracia.

El sistema –tal como lo denunciamos en una serie de reportajes en Última Hora en junio y julio de 2008– es simple: Debido al bajo monto establecido para que los brasileños puedan comprar productos sin impuestos en Ciudad del Este, muchos comerciantes ofrecen la posibilidad de entregar los productos al otro lado. De ese modo, al atardecer se podía ver a filas de camiones transportando enormes bultos forrados con plástico negro hasta los depósitos a orillas del río, con precarios embarcaderos, donde a la noche se cruzaban en lanchas y canoas.

Este esquema nunca fue secreto. Fue protegido siempre por empresarios, aduaneros, militares, policías, fiscales, jueces, intendentes, gobernadores… y casi todos –con pocas excepciones– obtenían su tajada, incluyendo a autoridades brasileñas que hacían la vista gorda desde el otro lado. Los miembros de la Base Naval de Ciudad del Este –tal como lo hemos demostrado en varios reportajes a través de los años– siempre fueron cómplices de este tráfico ilegal, que además de productos electrónicos y cigarrillos, incluía el tráfico de drogas y de armas, incluso la trata de personas.

De vez en cuando, para tratar de acallar las denuncias, se hacía algún operativo fiscal, policial o militar y se allanaba uno de los tantos puertos. Ni siquiera la pandemia del Covid-19 cortó este esquema. Con adaptaciones, ante la paralización del comercio más legal y formal, el tráfico ilegal continúa.

Los pobladores de San Miguel, al igual que los otros barrios ribereños, son rehenes de este esquema. En su mayoría son personas humildes y trabajadoras que deben fingir no ver lo que ven diariamente, por miedo a las bandas de contrabandistas. Los barrios son cercados por pistoleros que hacen de "campana" y no permiten que nadie extraño entre allí en horas de tráfico.

Por eso resulta difícil de creer que recién ahora los efectivos de la Armada –y las demás autoridades- esten descubriendo los puertos clandestinos. Al aún no esclarecido caso de enfrentamiento a tiros entre militares y contrabandistas que hubo esta semana, con la lamentable muerte de un joven infante de Marina, se suman las graves denuncias de operativos violentos contra la población civil sin orden judicial y presuntas torturas, que deben ser debidamente investigados y sancionados.

Aunque la gente lo llame así, San Miguel no es el Kuwait de los 90. No olvidemos que este barrio es parte del Paraguay y que para sus pobladores rigen los mismos derechos establecidos en ese esquivo libro que todavía se llama Constitución Nacional.

Fuente: UH