-->

Abrazo sin vergüenza

Solo por eso, violando todas las medidas de prevención sanitaria y echando por tierras cientos de discursos electorales, el presidente Mario Abdo Benítez y el ex presidente Horacio Cartes se fundieron no en uno, sino en varios abrazos republicanos. Ciertamente, en todos los casos lo hicieron con un gobernador de por medio, aunque no por respetar el distanciamiento social sino para evitar que los celos fulminen de un síncope a esa legión de alpinistas que rodean como moscas a ambos líderes republicanos.

Debo decir que, con treinta años de ejercicio periodístico, el estrujón entre antagonistas colorados no me sorprende. Ellos son como los átomos; movidos por las leyes de la electrodinámica se juntan y se separan y se vuelven a juntar, sin perder nunca su esencia… ni su razón de ser: conservar el poder, a como dé lugar.

El gobierno de Abdo no se diferencia mucho de los anteriores. No ha cometido más errores, pero lo hizo en un escenario en el que no podía pegarse el lujo de cometerlos. Lastimosamente, todo lo que podía salir mal salió mal. Inundaciones, sequías, epidemias de dengue, crisis políticas y económicas en Argentina y Brasil, crecimiento cero en Paraguay, y, finalmente, como guinda para esta torta de desgracias, la pandemia del Covid.

Con semejante cuadro, cualquier metida de pata se potencia hasta límites intolerables. Si bien el esquema de compras públicas está montado para que ganen los amigos desde siempre, ver cómo la trampa funciona en plena crisis y con la mayoría de los contribuyentes agonizando en la cuarentena fue como si nos ocurriera por primera vez.

La angustia del parón económico, más la revelación de las trapisondas en Petropar y Dinac, el blooper de los insumos chinos y la patada en zona baja que supuso la emisión de facturas infladas de la ANDE, se convirtieron en un cóctel demencial. La consecuencia es una hinchada furiosa que ya no distingue errores de aciertos, ni fallas involuntarias de hechos claramente delictivos. Hoy todo es negro y huele a podrido. La capacidad de razonar y diferenciar se perdió irremediablemente.

Ante semejante tormenta, nada más previsible que una nueva unidad colorada. Podemos aborrecer a los principales protagonistas de este connubio republicano de nuevo cuño, pero hay que admitir que el rejunte responde a la lógica sempiterna de los colorados de asegurar el poder.

La cuestión no es el abrazo en sí sino su implicancia cuando todavía quedan tres años de administración Abdo por delante.

Hay cosas que sabemos y que vienen de antes. Los acuerdos suponen casi siempre que no se tocarán la oreja; o que sus lacayos en la Justicia no se las tocarán a imputados e imputables de cada bando. Nos resta saber la otra parte del acuerdo.

Por decir, el Ejecutivo debe presentar su plan de recuperación económica que incluye, entre otras cosas, un nuevo endeudamiento por 350 millones de dólares. Anuncia además la presentación de proyectos de ley que proponen reformas esenciales como el servicio civil, las compras públicas y una reestructuración del aparato del Estado.

¿Supone el acuerdo que los legisladores cartistas -los de su movimiento y los que mantiene en su nómina- aprobarán estas leyes? ¿Incluye un compromiso de Abdo de recomponer su gabinete? ¿Serán tan generosos como para garantizar además cambios en la educación pública y el sistema de salud? ¿Qué querrá Cartes a cambio?

A juzgar por el silencio de ambos, solo con el tiempo sabremos qué se acordó si es que realmente hay un acuerdo, o si solo se juntaron respondiendo a esa necesidad tan paraguaya de abrazarnos, aunque sea sin barbijo… y sin vergüenza.

Fuente: UH