Las actitudes humanas en tiempo de pandemia

Por estos días tan inciertos y llenos de nuevas reglas de convivencia social, y de miedo, estamos viendo lo peor y lo mejor de lo que somos como sociedad y como personas.

Afloran el populismo, el egoísmo, la irresponsabilidad, la falta de empatía, la ignorancia, el poco respeto y apego a las reglas. Si no, que lo diga el ministro Juan Ernesto Villamayor. Rige el "qué me importa" y hasta el machismo, como el que observamos en un video viralizado en el que un hombre joven, que cree ser gracioso, cuenta cómo están entreteniéndose quedándose en casa con su hijo pequeño, y "pasándola bomba", gracias a que mantiene a su mujer atada a una silla y con la boca cubierta.

Es impresionante la circulación de noticias falsas que buscan confundir a la gente, y los memes que se burlan de cada medida que va adoptando el Gobierno, por más acertadas y pertinentes que sean la mayoría de estas.

Pero, tal como se siente al leer la novela Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, en una crisis sanitaria como esta, en la que la vida de uno depende del comportamiento de los demás, y viceversa, es también cuando se activan los mejores sentimientos y actitudes del ser humano. Como la preocupación que muchos expresaron apenas adoptada por el Gobierno la medida de restringir las clases y todas las actividades sociales que impliquen aglomeración, preguntándose qué pasará con aquellos que sobreviven del día a día a través de actividades informales que transcurren en las calles, y en general, de los millares de pobres.

Estamos hablando además de la actitud proactiva y solidaria de mirar más allá de uno, adoptando todas las medidas preventivas y recomendaciones para autoprotegerse y proteger a los demás. Hablamos de aquellos que utilizan las redes sociales para difundir solo información que contribuya a crear conciencia y no a aumentar el pánico. De los que denuncian, critican y reclaman, pero no solo desde su zona de confort, sino desde una posición de ayudar a otros. Estos días difíciles demuestran de qué están hechos algunos empresarios para los que su personal es el último eslabón en cuanto a sus prioridades, y el primero en la lista de descartables.

En cuanto al Estado, esta crisis sanitaria está demostrando qué grave ha sido para el Paraguay el paso y la permanencia de los corruptos en los poderes del Estado, palpable en un sistema de salud demasiado frágil que asusta más que el propio Covit-19, porque la infraestructura general es insuficiente, precaria y mínima.

Así están la provisión de energía eléctrica y el servicio de agua potable, pese a los recursos disponibles.

¿Somos un país pobre o un país empobrecido por sus autoridades?

La respuesta está en la última parte de la pregunta. En realidad somos un país con marcada desigualdad e injusticia que se deben a los que han gobernado y gobiernan el Paraguay y que, más que nunca, hoy se patentizan en las compras abrumadoras en los supermercados y en los que, desafiando a la situación, siguen en su puesto de venta del Mercado, porque si no, sencillamente no tendrán qué comer..

Este debería ser el momento de la solidaridad y de la responsabilidad de todos. Pero, sobre todo, de quienes administran el Estado y tienen la obligación de hallar fórmulas que se conciban mirando no solo a los sectores mejor posicionados económicamente. Se debe garantizar alimentación y agua a todos.

La consigna debería ser "Quedate en casa, y te ayudaremos".

Fuente: UH