7 años después de su renuncia, Benedicto XVI alimenta la rivalidad entre dos papas

Cuando el 11 de febrero del 2013, el primer papa alemán en siglos, Joseph Ratzinger, alegó a los 85 años «falta de fuerzas» para seguir en el trono de Pedro y anunció en latín que renunciaba ante una platea de cardenales desconcertados, generó una situación sin precedentes en la historia moderna.

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La convivencia inusual entre el 265º papa emérito y el 266º, el argentino Francisco, transcurrió sin problemas durante unos cinco años.

Sin embargo, el papa «emérito» Benedicto XVI, un reconocido teólogo, optó por seguir trabajando en lo que más le gusta: escribir sobre temas claves para la Iglesia.

La publicación prematura a mediados de enero de un libro que defiende firmemente el celibato de los sacerdotes, firmado conjuntamente por Benedicto XVI y el cardenal ultraconservador africano Robert Sarah, avivó las polémicas.

Para muchos se trataba de una injerencia por parte de Ratzinger para presionar a Francisco contra la posible autorización de ordenar sacerdotes a hombres casados para la remota región de la Amazonía.

El pontífice argentino se pronunciará el miércoles entre otras sobre la delicada propuesta hecha por los obispos de la región de autorizar la ordenación sacerdotal de los llamados «viri probati», hombres casados con una vida intachable, muchos de ellos indígenas, para hacer frente a la escasez de curas.

El secretario privado del papa emérito, el arzobispo alemán Georg Gänswein, explicó luego que Benedicto XVI había «enviado uno de sus artículos» sobre el tema al cardenal africano «autorizando a usarlo como creía conveniente», pero sin aprobar específicamente el proyecto.

El arzobispo, que ejercía también como prefecto de la Casa Pontificia bajo Francisco, fue alejado luego de sus funciones tras el lanzamiento del controvertido libro sobre celibato. El prelado fue invitado a dedicar su tiempo al papa retirado.

¿Injerencia?

No se trataba de la primera vez que Benedicto XVI intervenía sobre temas candentes del pontificado de Francisco, cuestionando su posición.

En abril del 2019, el papa emérito intervino sobre los abusos sexuales cometidos por curas y en un largo texto estima que el origen del fenómeno se podría explicar con la revolución sexual de la década del 60.

Sin olvidar que en 2018, el responsable del sector comunicación del Vaticano tuvo que renunciar después de que manipuló un carta de Benedicto XVI en la que el papa emérito reconocía que no iba a leer la colección completa de obras de Francisco y se lamentaba de uno de los autores de los volúmenes.

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Un documental de televisión alemana transmitido en enero muestra a un papa muy frágil, en una silla de ruedas, hablando con voz débil.

Benedicto XVI ha dejado de celebrar la misa en su monasterio en los jardines del Vaticano, decorado con fotos familiares y recuerdos de su tierra natal, Bavaria.

«Tiene menos fuerzas» reconoció Gänswein, la persona más cercana.

Pese a su estado de salud, los dos pontífices en ocasiones parecen cómplices y en otras adversarios, como quieren hacer ver los enemigos ultraconservadores del Papa argentino.

«Hay que dejar de hablar de dos soberanos pontífices, porque solo hay un Papa, el que tiene la autoridad papal, es decir Francisco», aclaró recientemente el cardenal Pietro Parolin, número dos del Vaticano.

Varios expertos estiman que el tema se ha convertido en una prioridad, y que que hay que determinar el papel y las funciones del papa jubilado.

Inclusive sugieren que se cambie la ley canónica o se nombre una comisión para establecer nuevas reglas.

No se excluye que de ahora en adelante los pontífices que se retiran tengan que renunciar a las insignias papales y a la sotana blanca y que deban vivir fuera del Vaticano.

Fuente: AFP/Catherine Marciano

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