Urge un sistema tributario para la gente, no para los particulares

La política tributaria es uno de los instrumentos más importantes si el objetivo es remover los obstáculos que impiden a nuestro país avanzar hacia un crecimiento inclusivo, con empleos de mejor calidad y mayor productividad y mejoras sustanciales en el bienestar.

En primer lugar, el sistema tributario recauda menos de lo que necesitamos para revertir los pésimos indicadores de empleo, infraestructura, salud, educación y protección social. En segundo lugar, la estructura tributaria penaliza a los contribuyentes de menores recursos por el peso desproporcionado de los impuestos indirectos. Finalmente, los impuestos, como mecanismo de incentivo no contribuyen a impulsar sectores más dinámicos en términos de generación de empleo.

Esta tercera función de los tributos no suele ser motivo de discusión o debate; sin embargo, la evidencia empírica mundial permite señalar que estos son determinantes claves para modificar acciones y conductas de los agentes económicos.

Uno de los cambios impulsados por el Ministerio de Hacienda es el aumento de los impuestos al tabaco y alcohol. Detrás de los impuestos altos a este tipo de bienes está el aumento del costo de los mismos, inhibiendo el consumo. Así, impuestos más elevados incrementarán los precios y, de esa manera, disminuirán su consumo.

La mala alimentación, el alcoholismo y el tabaquismo traen consigo un aumento de la incidencia de diferentes tipos de cánceres así como de diabetes, aumento de la presión alta y otras enfermedades que, además de obstaculizar una vida saludable, aumentan los costos de la salud pública, que de por sí ya tiene poca inversión del Estado. El alcohol suele estar presente en los accidentes automovilísticos y la violencia.

Desde cualquier punto de vista, los ajustes solicitados por Hacienda son positivos y tienen el potencial de contribuir a la construcción de un país con mejores condiciones de vida. Es lamentable que algunos sectores de supuestos representantes del pueblo pongan por encima de los intereses nacionales sus intereses particulares, con excusas y argumentos falaces que ofenden el sentido común y la inteligencia.

Los parlamentarios, en lugar de mantener privilegios, deberían estar preocupados por fortalecer las finanzas públicas mejorando los instrumentos legales que permiten recaudar más y mejor y garantizando los medios para asegurar la calidad del gasto.

Paraguay está al final de la lista en cualquier indicador de desarrollo en comparación con los demás países de la región. Y no solo estamos mal en indicadores que afectan a las condiciones de vida y a la economía; la deslegitimidad que tiene el Parlamento por no cumplir su rol a favor de la ciudadanía es un obstáculo para la gobernabilidad y la democracia, por lo que es urgente que reviertan esa percepción con una gestión a favor de las necesidades de todos los paraguayos.

Fuente: UH