Medio siglo de un salto hacia un sueño de milenios: Pisar la Luna

Entre agosto de 1958 y julio de 1969 la entonces Unión Soviética (URSS) y EEUU, enzarzados en una competencia global por prestigio e influencia, habían llevado a cabo 73 misiones lunares de las cuales 41 fallaron.

La misión Apolo 11, en valor actualizado a nuestros días costó unos 30.000 millones de dólares.

Cuando el comandante Neil Armstrong y el piloto de la cápsula Eagle, Buzz Aldrin, descendieron a la superficie lunar –Michael Collins se quedó en la nave principal orbitando el satélite– habían pasado apenas ocho años y dos meses desde que el presidente John F. Kennedy (1961-1963) anunciara al Congreso su decisión de ir a la Luna.

La agencia espacial estadounidense, NASA, captó en todo su colorido esplendor, mediante fotos y películas, las imágenes de la misión, pero la Humanidad vio el descenso y los brincos en baja gravedad de Armstrong y Aldrin en borrosas imágenes en blanco y negro. Las cámaras de televisión en color de la época eran demasiado grandes y pesadas como para acomodarlas en la Eagle y las limitaciones tecnológicas restringían el ancho de banda utilizable para las comunicaciones de audio y vídeo en un solo sistema.

Lo que hoy se lograría con la tecnología de un teléfono celular requirió entonces de dos cámaras: Una de ellas, con película, fue instalada por Aldrin en una ventana de Eagle para registrar la escena a color.

Las imágenes transmitidas en vivo y en directo a la Tierra se tomaron con una cámara de televisión en blanco y negro que grabó en cinta de vídeo.

La delicada operación de 12 minutos desde que la Eagle se desprendió del vehículo orbital Columbia, tripulado por Michael Collins, hasta que la cápsula tocó el suelo selenita tuvo la ayuda de un ordenador con un procesador de 2,5 MHz, una potencia de computación equivalente a la de una calculadora de bolsillo actual.

Los uniformes espaciales, hechos a medida de cada astronauta, cosidos a mano y que protegieron a los dos hombres de las temperaturas que en la superficie lunar oscilan desde los 120 grados centígrados durante el día hasta los 150 grados bajo cero durante la noche, nunca se habían usado antes de la misión Apolo 11.

La cápsula Eagle fue el primer vehículo espacial diseñado específicamente para operar en otro mundo y a diferencia de uno hecho para funcionar en la atmósfera, fue un conjunto de ángulos y protuberancias que los astronautas llamaron la araña.

Esto se debió a que en el espacio no sería necesario preocuparse de la atmósfera y la omisión de características aerodinámicas contribuyó a reducir el peso y los costos de lanzamiento de la nave.

Fuente: UH