Violencia contra la mujer es un llamado de atención a la sociedad

Aunque se debe reconocer que hubo importantes conquistas en cuanto al despertar de las conciencias, las nuevas leyes que reconocen derechos y hay mayor compromiso a nivel de la sociedad, también resulta evidente que todavía no se ha hecho lo suficiente para consolidar una sociedad que sea realmente igualitaria, justa y solidaria.

Es por ese largo camino que todavía queda por recorrer y por las materias que quedan pendientes, que en el país vivimos esta realidad. En las últimas semanas se ha dado a conocer la alarmante cifra de seis mujeres asesinadas en 11 días. El promedio es de una muerte cada dos días.

Los hechos ocurrieron en La Paloma (Canindeyú), Asunción, Alto Verá (Itapúa), Itakyry (Alto Paraná), J. Augusto Saldívar y San Lorenzo (Central). De esos indicadores geográficos se deduce que la tragedia de madres que dejan huérfanos a sus hijos no se circunscribe a determinado territorio únicamente.

Como sociedad que salvaguarda el valor esencial que es la vida y otros que derivan de él, debe inquietarnos esas muertes. Lo peor sería acostumbrarnos a leer, ver y escuchar esas barbaridades sin tomar conciencia de la gravedad de lo que aqueja a una parte de la población.

En materia de medidas para controlar y castigar el atentado contra las mujeres se ha avanzado en los papeles y algo en la práctica. La ley de protección integral de las mujeres contra toda forma de violencia es un medio legal a favor de las víctimas de la inhumanidad de sus victimarios. Sintetiza y, al mismo tiempo, amplía el campo jurídico.

Sin embargo, la mayor severidad de las penas, el aumento de los controles, los canales que facilitan las denuncias y los trámites, la presión desde los medios de información y otras medidas, por las evidencias que se observan a diario, no han podido frenar razonablemente los atropellos a la dignidad humana de las mujeres.

Es que ese instrumento legal no es la solución mágica. Requiere del acompañamiento de otras acciones que permitan desmontar la cultura machista no solo de los hombres, sino también de las mujeres, en general.

Ello podrá lograrse con una educación que parta de la familia y sea parte de la escuela, colegio y las universidades; se difunda en campañas sostenidas y sostenibles en los medios de difusión masivos de informaciones, sin impunidad ni complicidad de la sociedad.

Toda la sociedad tiene que intervenir para eliminar la violencia contra las mujeres. Construir un espacio donde se viva con respeto entre todos es un propósito del que nadie puede desentenderse. Es la obligación de los paraguayos de bien.


Fuente: UH