Matriz

Existía una idea de servicio ajustada a la realidad de un país pobre que tenía en su cuerpo administrativo a un colectivo que se parecía al país al que servía.

Entre las prebendas del Partido Colorado u otras asociaciones y la sindicalización del sector público se nos ha venido encima una casta convertida en cáfila devoradora de los recursos y sin ningún pudor a la hora de los reclamos. No les avergüenza cobrar unos salarios que duplican al básico del sector privado, sino que van por más cobrando bonificación familiar, presentismo, triples aguinaldos, actividades deportivas, pago del consumo de agua, luz, teléfono o combustible, cemento o caña, dependiendo de la empresa pública para la que trabaje. Entre ellos también existen claras inequidades.

No es lo mismo ser funcionario en el Ministerio de Hacienda, Banco Central del Paraguay o las hidroeléctricas que trabajar para Salud o Educación. Pero de nuevo, entre estos también están aquellos que, por ejemplo, tienen rubros de docentes, pero realizan tareas administrativas por las cuales pueden jubilarse a los 45 años y tener cobertura del IPS para él y su esposa hasta morir.

Estamos destrozando la matriz cultural de este país y ahora que se debate el tema tributario eso debe ir atado a una profunda reforma del Estado si no queremos que esto acabe en una abierta confrontación entre mandantes (usted que paga sus tributos) y los mandatarios que deberían obedecer sus órdenes.

No debemos ser engañados de nuevo. Con el planteo de elevar los tributos tiene que venir una propuesta seria que establezca una revolución matricial en los salarios y prestaciones que reciben los funcionarios. Sin eso Hacienda habrá salido de cacería en el mismo zoológico de siempre. Los sectores del tabaco y la soja deben tributar más por un acto de justicia y por la cantidad de tiempo que no lo han hecho.

Deben contribuir a la reconstrucción de los caminos que estropean, los migrantes del campo a la ciudad que expulsan, los graves problemas urbanos que genera ese hecho y porque es pornográfico tener un tributo del 5% que puede ser completamente deducido además. Pero cargar sobre los mismos tontos de siempre no es de recibo. Se quieren contraprestaciones y reglas claras. Examen riguroso, abierto y transparente de ingreso al servicio público, racionalización absoluta de todos los sobresueldos en distintos caracteres, austeridad en los gastos ordinarios, uniformidad para todos los servidores públicos y reducción de su número. No puede ser que un país como el nuestro tenga más funcionarios por habitantes que los que tiene Alemania, y que los salarios de los legisladores sobrepasen a los de sus colegas escandinavos, cuyos ingresos per cápita son 15 veces superiores y su presión tributaria del 52% sobre su salario mensual. El Estado nuestro es un carnaval y este corso tiene que terminar, y el momento es ahora. Si se aplaza de nuevo la reforma de la administración pública y se incrementan los tributos a la gente, no solo se resentirá la economía, sino que el enojo ciudadano puede hacer colapsar la democracia.

Racionalidad, austeridad, uniformidad, transparencia y, por sobre todo, realismo se necesitan ahora. Si tanto el Ejecutivo como el Legislativo no entienden esto se habrán metido en un lío enorme. No se diga que no se les avisó. Recuperemos la matriz que alguna vez nos hizo exitosos y orgullosos porque esta joda no debe continuar.


Fuente: UH