Hartazgo ciudadano no justifica el uso de la violencia en el Senado

Lo ocurrido el martes durante una sesión de la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara de Senadores, en que el controvertido senador Paraguayo Cubas nuevamente incurrió en una airada reacción, propinando insultos y arrojando agua y botellazos contra un jefe policial, el comisario principal Aurelio Marín, alcanzando al comandante de la Policía, Walter Vázquez, al ministro del Interior, Juan Ernesto Villamayor, y a sus propios colegas, como el senador Fernando Lugo, además de golpear al asistente de este último, constituye otro lamentable y bochornoso episodio que degrada aun más la ya de por sí deteriorada imagen del Congreso Nacional.

La sesión había sido convocada para estudiar el pedido de ascenso para 14 comisarios de policía, sobre quienes existían cuestionamientos por su actuación en varios hechos de represión, principalmente en los trágicos sucesos del 31 de marzo de 2017, durante una manifestación ciudadana que acabó con la quema del edificio del Congreso y el asesinato de un joven militante del PLRA en manos de la policía. En el caso del comisario Aurelio Marín, se le cuestiona haber comandado actos de represión como jefe de Policía del Alto Paraná contra ciudadanos que se manifestaban pidiendo que se investiguen hechos de corrupción que involucraban a las autoridades.

La manera de actuar del senador Paraguayo Cubas, transmitida en vivo por el mismo a través de la cámara de un teléfono celular conectado a las redes sociales en internet, es aplaudida por muchos ciudadanos, a quienes también les gustaría arrojar agua, botellas, vasos o proferir insultos contra policías y autoridades a quienes consideran parte de esquemas de corrupción o actos represivos contra la población, o que gozan de desmedidos privilegios pero no se preocupan en resolver los graves problema sociales. De esa manera, como muchos lo expresan en las redes sociales o en sus posteos en los medios de comunicación, se sienten vengados por el iracundo legislador, a quien apoyan en los objetivos de su peculiar cruzada, aunque muchos aseguran no estar de acuerdo con el uso de la violencia.

El fenómeno político en que se ha convertido el senador Cubas revela por un lado el gran nivel de deterioro y desprestigio en que ha caído la mayoría de los miembros de la clase política en el Paraguay, con sus ofensivos privilegios millonarios costeados por el dinero público, con su abierta participación en graves hechos de corrupción y sus esquemas de complicidad para quedar impunes, con su insensibilidad ante los graves problemas sociales.

Con su pintoresco y violento estilo de hacer política, convirtiendo despachos de jueces en improvisados excusados, o atacando a cintarazos a quienes él cataloga de corruptos, Paraguayo Cubas ha sabido convertir el hartazgo y la bronca de un gran sector de la población en su principal respaldo y base de sustentación. Los desplantes de furia, los insultos y los ataques violentos, sin embargo, no resuelven los graves problemas del país y hacen poco favor a la construcción de la institucionalidad democrática. El cambio real vendrá de la mano de una ciudadanía más consciente y movilizada, que pueda ayudar a corregir con presión social los abusos de la clase política.


Fuente: UH