El sobrevuelo de un halcón sobre Paraguay

Mike Pompeo, jefe del Departamento de Estado del gobierno de Donald Trump, estuvo 15 horas y minutos en Paraguay. Su visita fue exclusivamente al Gobierno paraguayo, que se circunscribió a un círculo mínimo: el presidente Mario Abdo Benítez, el canciller Luis Castiglioni y el ministro del Interior, Juan E. Villamayor. No hubo ocasión para fotos de rigor con nadie más, dejando a más de uno con las ganas de exhibirlas en el portarretrato, que para muchos sería como una especie de salvoconducto.

Pompeo forma parte del grupo de los halcones de la Casa Blanca, denominación que se da a los partidarios de la guerra frente a las "palomas", más proclives a las negociaciones diplomáticas. Fue jefe de la CIA y su paso por la Agencia Central de Inteligencia le valió muchas críticas por sus extralimitaciones.

GUERRA POLÍTICA Y COMERCIAL. Su gira se inició en Chile. Allí su visita fue polémica porque su discurso tuvo sabor a advertencia, que la oposición no le perdonó. "Sabemos que Rusia y China vendrán a tocar su puerta. Y cuando se les deja pasar ya sabemos lo que ocurre. Cuando las dificultades se provoquen, sepan que Estados Unidos estará detrás de Sudamérica", señaló paternal y fue acusado de intervencionismo, ya que China es el principal socio comercial de Chile.

Aquí no fue tan directo, ya que en esa guerra Paraguay es un jugador inexistente, pero elogió el relacionamiento diplomático con la "otra China". Comentó que con Mario Abdo habló sobre los "esfuerzos para fortalecer su relación con Taiwán y la importancia de mantener el estatus quo a través del estrecho de Taiwán, incluyendo el reconocimiento diplomático". O sea, sigan igual y nada de encandilarse con las promesas de Mao.

VENEZUELA. En cuanto a Maduro, que resultó un hueso muy duro de roer para EEUU a pesar del cerco diplomático y económico, Pompeo vino a agradecer a los países del Grupo de Lima que le retiraron su apoyo al venezolano, pero que rechaza la intervención militar como salida a la crisis. ¿Vino Pompeo a buscar voto a una salida más dramática? Ayer nada más el almirante Craig Faller, al mando del Comando Sur, admitió que las FFAA están listas para intervenir apenas Trump decida apretar el botón rojo. "La crisis en Venezuela se acerca al nivel de Siria si a final de año Maduro está en el poder. Así de grave", advirtió, dando pistas sobre plazos.

De Chile llevó un no rotundo. El presidente Sebastián Piñera, aliado de Washington, le transmitió que no es partidario de la intervención militar y que, cualquier solución en Venezuela debe ser por la vía pacífica.

A Paraguay elogió su "liderazgo en la región para promover la restauración de la democracia en Venezuela". El encendido discurso del canciller Luis Castiglioni ratificó esa línea. "Con los dictadores no se dialoga. La posición de Paraguay continúa firme respecto a Venezuela. A los tiranos y dictadores se los combate”, apeló a una palabra bélica, abriendo interrogantes sobre la vía de solución.

LA PIEDRA EN EL ZAPATO. Sin embargo, el tema crucial para Paraguay es el lavado de dinero y el financiamiento del crimen organizado, según el Departamento de Estado. La Triple Frontera está en la mira y aquí es donde se resiente el relacionamiento. Si bien las edulcoradas frases hablan de la "importancia de trabajar juntos para promover la seguridad, la prosperidad y la democracia en la región, incluyendo el combate al crimen transnacional y el financiamiento del terrorismo en la Triple Frontera" y el reconocimiento al Gobierno en esta área, EEUU exige resultados más concretos. Como dijo el presidente de la República, Mario Abdo, caiga quien caiga, la ley se aplica para todos”, recordó el enviado de Trump parafraseando al paraguayo, alusión que sonó a brete.

La vulnerabilidad está en la ausencia de leyes más severas para combatir el crimen trasnacional que permite transferencias para fines terroristas, según EEUU e Israel. Por ello insisten en la inmovilización de activos, pero también en la investigación y condena de los sindicados. No solo leyes sino efectividad de aplicación.

"La venida de Pompeo se reduce a: te apoyamos, estás encaminado, pero necesitamos pruebas, condenas", evaluó un político cercano al presidente. EEUU ya no está conforme con las simples imputaciones que suenan bien para el show mediático que por el camino se convierten en impunidad. Los casos no se cierran y no hay condenas a los peces gordos.

Además, hay una sospecha de protección política de alto nivel a este mundo delictivo. Hay nombres de sospechosos de lavado para el terrorismo vinculados a políticos, historias que no están cerradas totalmente a pesar de los desmentidos. En este contexto, la demora en la extradición de Nader Farhat, requerido por la Justicia norteamericana por lavado de dinero, llama la atención porque el Poder Judicial ya dio su venia, pero llamativas acciones burocráticas demoran su extradición. "Demora la orden política", deslizan.

El caso Walid Amine Sweid, investigado por el caso de megalavado de dinero, que salpicó al entonces diputado y hoy vicepresidente Hugo Velázquez, es otro tema en el tintero de las dudas.

Paraguay aún transita la delgada línea gris y la sanción de GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional), cuyo examen se hará en breve, pende como espada de Damocles.

El Gobierno quedó con euforia tras la visita de Pompeo. Ayer se felicitaban mutuamente en las cadenas oficiales de WhatsApp. No es para menos. Pasaron 53 años para que un jefe de Departamento de Estado vuelva a pisar tierra paraguaya y fue un bálsamo para Marito tras la crisis con Trump por el traslado de la embajada en Israel.

Aún queda por saber qué más sucedió adentro, más allá de los afectuosos intercambios y declaraciones oficiales.

El tiempo y los hechos se encargarán de develarlos.


Fuente: UH