Mi árbol y yo

No puede ser que destruyamos de forma tan impune nuestros recursos, y que la naturaleza no nos pase la factura. No es solamente el calor de m***, son también los bichos, de todo tipo y color que nos andan invadiendo porque ellos se van quedando sin sus espacios naturales. Y como si no tuviéramos suficientes plagas urbanas en nuestras ciudades, ahora también migran hacia nuestros patios desde otros lares.

Según datos del Instituto Forestal Nacional (Infona), el 80% de las 16,6 millones de hectáreas de bosques que tiene el Paraguay, se encuentra en propiedades privadas. A partir de ese dato se planteó incluso que se les concedan beneficios fiscales a esos dueños para que cuiden sus bosques.

Puede que eso esté bien, pero lo que va a estar aún mejor es que se termine la impunidad de los bandidos que destruyen cuanto árbol o arroyo o río que tienen en su camino.

Porque cabe preguntarse quién se está haciendo millonario con la deforestación. Los bosques desaparecieron y en su lugar hoy tenemos kilómetros y kilómetros de plantaciones de granos diversos. Claro, van a decir que eso es lo que produce dinero para el país, pero yo no les creo. Los únicos que ganan plata con la soja son los sojeros que viven en São Paulo y se llevan su dinero lejos de nuestro país. A nosotros solo nos queda la tierra destruida por sus agroquímicos, el calorazo, los mosquitos, el dengue y los cortes de la ANDE.

Es muy triste todo esto. Cuando vemos esas imágenes satelitales de la NASA, que nos muestran de forma tan cruda la masiva deforestación del Chaco, donde antes había árboles ahora todo se ha convertido en tierra para ganado.

El Instituto Forestal Nacional detectó que solamente en el 2017 en el Chaco echaron de forma ilegal 10.000 hectáreas de bosques, que es el equivalente en tamaño a 400 parques Ñu Guasu. En la Región Oriental, donde rige la Ley de Deforestación Cero, hubo alrededor de 2.000 hectáreas de bosques derribados.

Esta destrucción de nuestros bosques comenzó a generar una sana ola de indignación que logró pasar de las redes sociales a la calle, con una hermosa manifestación. Hoy, hay campañas diversas que motivan a que la gente plante árboles en sus veredas.

Es genial el entusiasmo que genera la preocupación por la falta de árboles, pero creo que en este tema a veces el bosque no nos deja ver bien al árbol.

De esto hablo con conocimiento de causa, y en nombre de los tres arbolitos de naranja agria, o naranja hái, que sobreviven como pueden en la vereda de mi casa. Ellos dan mucha sombra y por eso todos buscan estacionarse al lado; y suelo ver que siempre le arrancan hojas, costumbre bárbara, patotera y muy paraguaya.

Después, mientras disfrutan de la sombra, dejan sobre el pasto de la vereda vasitos de yogur, envoltorios de empanadas y colillas de cigarrillos, justo al lado del único refugio contra el calorazo.

Hay que dejar de deforestar, pero también hacer pequeños gestos que vayan más allá de la moda de preocuparse gua'u por los bosques. Después de todo, si no podés plantar un árbol, por lo menos no destruyas el que plantó y cuidó tu vecino, y dejá de ensuciar su vereda, que no es tu basurero particular, ni el toilette de tu perro.


Fuente: UH