Gestión de deuda pública exige responsabilidad hacia el futuro

Un incremento de la deuda pública en estas condiciones trae consigo importantes problemas. América Latina es un ejemplo de ello y mismo Paraguay, que hace menos de dos décadas debió enfrentar ajustes para salir de una crisis que, si bien fue menor, implicó medidas importantes.

Aunque el Ministerio de Hacienda señala que este nivel de endeudamiento es sostenible, es decir, el país no corre el riesgo de dejar de pagar sus compromisos, también es cierto que Paraguay requiere impulsar políticas para garantizar que los avances logrados en los últimos años no retrocedan.

Esta semana se inició con festejos, conmemoraciones, comunicados, evaluaciones y reflexiones acerca de los cambios ocurridos desde la caída de la dictadura.

En general, el balance económico y social es positivo. El producto interno bruto y la infraestructura vial han aumentado, la pobreza se redujo y la mayoría de los indicadores sociales están mejor.

Sin embargo, Paraguay, igual que hace 30 años, se encuentra ubicado entre los 5 países de menor desarrollo relativo en la región. La economía se ha mantenido con poca diversificación y escaso nivel de industrialización. Al ser dependiente de factores exógenos como el clima y la demanda internacional, la economía paraguaya es altamente volátil.

Las persistentes fluctuaciones económicas ponen obstáculos a las decisiones de largo plazo, lo cual se suma a un Estado casi ausente en políticas económicas que generen un contexto adecuado para la inversión. El aumento de la infraestructura sigue lento, lo que afecta de manera directa a la productividad.

Las políticas sociales tampoco han sido eficientes en lograr los impactos necesarios para aumentar las capacidades nacionales que permitan el repago de la deuda sin causar problemas a nivel macro y micro. No hemos podido acumular capital humano debido a la mala calidad de la educación y la salud, y la pobreza que venía reduciéndose se ha estancado.

El apoyo a las mipymes y a la agricultura familiar, cuando existe, tiene pocos resultados, a pesar de que son los dos sectores que mayor empleo generan.

Estas restricciones de carácter estructural crean un contexto poco adecuado para garantizar la devolución del capital sin que ello implique sacrificios. De hecho, las mejoras han sido lentas, por lo que necesitamos acelerarlas. Si el pago de la deuda implica mantener este ritmo o, peor aun, desviar recursos hacia ese objetivo el escenario es sumamente desalentador.

La próxima gestión de gobierno deberá pagar más de 1.500 millones de dólares por la emisión de bonos. Esta cifra es equivalente hoy a toda la inversión en educación y salud de un año. No se conoce ningún plan para crear un fondo que permita al siguiente gobierno enfrentar la situación sin generar un desequilibrio fiscal.

La responsabilidad no está solo en garantizar el buen uso de los créditos, sino también en dejar las condiciones para el pago futuro de los mismos.


Fuente: UH