Ciudad del Este, historia de un secuestro

Javier Zacarías construyó su poder omnímodo en la capital del Alto Paraná cambiando de carpas políticas sin pudor alguno. Fue oviedista, nicanorista, castiglionista y actualmente cartista. Los camaleónicos cambios tienen alta dosis de oportunismo y traición. Fue diputado, intendente, candidato a vicepresidente, a presidente y ahora senador. Con la bendición del poder de turno y las conexiones oportunas, construyó una red que superó las fronteras políticas. Puso pie en el Poder Judicial, gracias a la mano de su tío Rodolfo Irún Alamanni, quien desde el Consejo de la Magistratura nombró a fiscales y jueces acorde con los intereses de su sobrino. Abogados del Alto Paraná denuncian con amargura que no pueden contra el muro de impunidad porque el clan maneja a jueces y fiscales, todos ellos con conexiones familiares. Al frente de la circunscripción electoral de Alto Paraná está Francisco Zacarías Cubilla, lo que les asegura también el control del proceso electivo.

El movimiento político devino en un clan familiar que maneja los hilos del departamento. La ANR dejó de ser un partido para convertirse en una monarquía criolla caudillista. Javier cedió a su esposa la Intendencia. Su hermano Justo fue gobernador y ahora diputado, cuya esposa también tiene una banca en Diputados. El hijo de Justo es concejal, y así la parentela acapara las demás instituciones del Estado otorgándole el control institucional de la región.

LA CAÍDA. El principio del fin del clan Zacarías Irún empezó con la victoria de Mario Abdo Benítez en las internas coloradas primero, y las presidenciales después. A diferencia de otros líderes cartistas en cuyas regiones ganó la ANR, Javier Zacarías tiene una carga acusatoria política muy grave: alta traición electoral. Marito no le perdona la llamativa derrota en Alto Paraná, donde la lista presidencial colorada fue la única que no ganó. En efecto, Efraín Alegre le ganó a Marito por casi 8.000 votos, mientras que Cartes ganó la lista del Senado por nada menos que 25.000 votos y su hermano Justo cantaba victoria en la lista de diputados por una diferencia de 12.000 votos. Sospechosamente, aquí no funcionó lo de la Lista 1 "de punta a punta".

Con los bríos de un gobierno adverso al clan, en octubre del año pasado la Junta Municipal solicitó la intervención del Municipio manejado por Sandra Zacarías, quien gobierna la ciudad desde que su marido Javier le dejó el cargo en el 2007 cuando renunció para ser candidato a vicepresidente. Ella, siendo concejala, completó el mandato y antes de su destitución estaba cumpliendo su segundo periodo por elección popular. Pero la Cámara de Diputados la destituyó el jueves por corrupción y el TSJE convocó a elecciones de intendente para completar el periodo 2015/2020. Ese mismo día, en una decisión política 2×1, el Senado le despojaba de sus fueros a Javier Zacarías, quien en un supuesto acto magnánimo pidió su desafuero ante la inevitable decisión. Honor Colorado buscar sacarse de encima otra carga pesada, luego de soltar la mano a Óscar González Daher.

MAPA DELICTIVO. La intervención llevada de manera institucional, prudente, paciente y certera por parte de la ex jueza Carolina Llanes confirmó las eternas denuncias de quienes se animaron a confrontar el poder omnímodo de los Zacarías, a costa de persecución. El voluminoso informe detalla escandalosas irregularidades en la administración de Ciudad del Este. Desde los negocios más grandes hasta los más pequeños. El Municipio era la caja chica del clan que no disimulaba su vida de riqueza con fiestas fastuosas e innumerables inmuebles en el país, departamentos en paradisiacas islas brasileñas, automóviles y hasta una avioneta. Por si faltaran testimonios, la Contraloría reforzó las acusaciones con otro informe de 90 irregularidades.

Con el peso de las pruebas encima, muy hábil en la maniobra política, Zacarías Irún jugó una última partida para evitar la destitución de su compañera de vida y de la política. Maquinó una sesión irregular de la Junta Municipal y para sorpresa de la oposición puso de su lado al estrambótico concejal Kelembu (Celso Miranda), quien construyó su pintoresco y escatológico perfil denunciando la corrupción de Sandra McLeod. Pero no resistió a la tentación de ocupar el sillón municipal y de un plumazo se cambió de bando: el fin justifica los medios. Su travestismo político lo dejó en el limbo tras la decisión del TSJE de convocar a elecciones. Mañana la Junta debe elegir a un intendente interino. Y Kelembu, si mantiene los siete votos de aquella sesión irregular del lunes, cumplirá su sueño de ser intendente por unos días, aunque la lapicera tenga la marca ZI.

Una Ciudad del Este con el coraje admirable de sus ciudadanos y unos pocos dirigentes que rechazaron el soborno se liberó, por ahora, de un clan que la agobiaba institucionalmente. Aún es prematuro señalar si esta caída significa el fin del poder omnímodo de una familia que convirtió a la segunda ciudad más importante del país en su empresa.

Es el turno de la Fiscalía, que ya no tiene excusas para sostener la acusación de enriquecimiento ilícito, lavado de dinero y asociación criminal. Es una prueba de fuego para el desprestigiado sistema de Justicia.

En mayo hay elecciones. Allí se verá si ZI mantiene o no el control remoto de la ciudad.

Es una batalla crucial.

Pero ese es otro pleito.

Ahora Ciudad del Este prefiere festejar y respirar los nuevos aires de emancipación.


Fuente: UH