Una reforma tributaria para la gente

Al cerrarse el 2018, estos gravámenes se constituyeron en el 57% de todo lo recaudado por la Subsecretaría de Estado de Tributación (SET), lo que confirma su importancia en el esquema.

Ya después de los resultados fiscales año tras año y de los cientos de estudios locales e internacionales que enfatizan en la inequidad que impera en el régimen tributario, nadie se atreve a discutir que es necesaria una reforma, la justicia fiscal ya no puede esperar.

Eso lo entendió este Gobierno, que dio inicio a las discusiones a fines del año pasado. Sin embargo, al parecer, es peor el remedio que la enfermedad.

De acuerdo con el proyecto base que el Ministerio de Hacienda elaboró y dio a conocer a un reducido grupo, la idea es que ya sean contribuyentes del impuesto a la renta personal (IRP) aquellos cuyos ingresos mensuales sean de G. 4,2 millones y sumen en un año más de G. 50 millones. Una idea poco feliz y hasta peligrosa.

En ese sentido, es casi como una obligación recordar lo sucedido hace solo un par de años, cuando de un informe publicado por la propia Administración Tributaria se reveló que de los 10 contribuyentes con más ganancias personales en un año (entre USD 7,5 millones y USD 57 millones) 5 pagaron cero guaraníes al Fisco. Similar es la realidad de los sojeros y ganaderos, quienes pese a representar el 35% del movimiento económico del país, su aporte en renta (Iragro) representó apenas el 2,7% de todos los ingresos que obtuvo el Fisco en 2018.

Otro tema es la evasión.

Según el Centro Interamericano de Administraciones Tributarias (CIAT), la evasión de impuestos se encuentra actualmente en torno al 30,9% de lo que se recauda, nivel que si bien se ha reducido, evidencia también que antes de seguir presionando a la clase media y baja con gravámenes directos, todavía queda trabajo que hacer por casa para tener ingresos adicionales.

El sistema tributario es la columna vertebral de cualquier país y debe ser el promotor de la equidad social. En un mundo ideal, el cobro de los impuestos debe servir para garantizar educación a la población, brindarle atención médica eficiente y servicios básicos adecuados.

Pero pedirle al ciudadano común más y más, sin darle salud y educación de calidad, sin darle seguridad ni servicios públicos eficientes, o sin detener el desmesurado gasto en hurreros o secretarias vips, es acrecentar la desigualdad en un país en el que la Justicia, y no solo la tributaria, es una utopía.

Si lo que se quiere es aumentar los ingresos vía tributos directos y salir del fondo del ránking regional, el camino no puede ser seguir atosigando a los emprendedores o asalariados que de por sí ya viven con lo justo, es evidente que el camino debe ser la reducción de los privilegios a los más pudientes y el combate más frontal a la informalidad reinante.

La Comisión Técnica Tributaria, creada por el Gobierno para consensuar un proyecto de ley de reforma, debe desechar esta idea de bajar el piso del IRP que solamente acrecentará el descontento colectivo. Si la estructura impositiva no es modificada y la presión sigue recayendo en la gente de menores ingresos, el crecimiento de nuestro país seguirá siendo aprovechado solamente por los más ricos.


Fuente: UH