Maduro obliga a definirse

En estos días los noticieros del mundo entero renovaron las usuales imágenes que provienen de Venezuela. Anaqueles de supermercados vacíos, penuria por carencia de alimentos y de medicamentos, colapso del sistema de salud, inflación e increíble devaluación de la moneda. Y la diáspora, inmensa, dolorosa, incontenible, de millones de ciudadanos. Las cifras del desplome económico hacen difícil defender al Gobierno venezolano. Y la ineptitud de Maduro complica aún más las cosas.

Hugo Chávez, al morirse, ya lo había dejado complicado. Pero Maduro no tiene el carisma del comandante. Venezuela camina hacia el precipicio. Con la inflación más alta del mundo, una productividad aplastada e inéditos niveles de violencia y corrupción, resulta insuficiente culpar de todo a una conspiración imperialista. Más aún, cuando el poder se conserva violando normas democráticas. Maduro se ha convertido en un dictador.

Curiosamente, el propio caos que ha creado lo ayuda a perdurar. El colosal exilio político aliviana las cargas internas, debilita la resistencia opositora y contribuye con remesas en dólares, que hoy son el ingreso principal de miles de familias. Maduro sobrevive, por ahora, pero se ha quedado bastante solo.

Durante mucho tiempo, buena parte de la izquierda latinoamericana relativizó las críticas a su régimen, porque consideraba legítimo su derecho a defenderse de las agresiones de los Estados Unidos. Pero la intolerable tragedia de ese pueblo hizo que esos apoyos se fueran deshojando. Trece países del continente le han pedido que no reasuma sus funciones. Ha hecho lo mismo la Unión Europea. Líderes influyentes del socialismo democrático de todo el mundo han reconocido que el régimen de Maduro ha matado la idea de la Revolución Bolivariana.

Aquí, el Partido Comunista Paraguayo sostiene que la crisis venezolana se debe a "un ataque del imperialismo norteamericano y europeo, sus aliados locales y los medios empresariales". Por su parte, el Frente Guasu criticó la injerencia paraguaya en asuntos internos de otro Estado y criticó el "hostigamiento forzado" del Grupo de Lima. Esa es la izquierda que prioriza la coincidencia ideológica frente a la defensa de la democracia. Hace poco, el Paraguay fue expulsado del Mercosur por el golpe parlamentario a Lugo. Al Frente Guasu, esa intromisión le pareció bien. Y a mí también. Pero hoy el Frente Guasu me parece incoherente.

Desde el otro lado, el Gobierno decidió romper relaciones. ¿No bastaba con retirar al embajador o alguna medida similar? Es una sobreactuación conservadora con fines populistas. ¿Alguien creerá que Paraguay es la vanguardia continental de la democracia?

Situaciones tan dramáticas como la de Venezuela nos confrontan con la honestidad de nuestros propios valores.


Fuente: UH