Con las FFAA sucede lo mismo que el IPS

Las dos instituciones arrastran serios problemas de credibilidad e historias de corrupción, las que ya se hicieron parte de su esencia.

Ambas tienen adeptos y detractores al mismo tiempo, y a niveles irreconciliables.

Para un buen número de compatriotas, que han tenido la suerte de tener una experiencia positiva y satisfactoria con los servicios médicos del IPS, les resulta imposible aceptar las críticas sobre el sistema y sobre las consecuencias del permanente colapso en medio del cual transcurre el día a día en sus clínicas periféricas y hospital central.

Los que han padecido en los pasillos de Urgencias del Hospital Central y experimentado todo tipo de trato indigno o les han asignado para dentro de tres meses turno para un estudio de imágenes que precisan con urgencia, o deben esperar un mes para una consulta médica, por supuesto que tienen una visión diametralmente opuesta y están en mejores condiciones de admitir con racionalidad que deben realizarse cambios muy profundos.

Tanto el IPS como las Fuerzas supuestamente pretenden incorporar gente, pero no están preparados para ello. Ni en infraestructura ni en términos de eficiencia.

Con las Fuerzas Armadas sucede que no están a la altura de los nuevos tiempos. Quedaron desfasadas y todavía precisan muchas transformaciones internas para recuperar su dañada imagen, como institución que sostuvo a una dictadura de 35 años y ha estado involucrada con todo tipo de actividades ilícitas: rollotráfico, narcotráfico, contrabando, etc., etc., y ha violado los derechos humanos al admitir niños soldados y no aclarar la desaparición de algunos de estos.

Aun así, para amplios sectores de la sociedad, los militares siguen gozando de mucha consideración y respeto y hay una extendida creencia de que en sus cuarteles se endereza cualquier inconducta. Es una opción, dicen, para aquellos chicos cuyos padres no saben cómo manejarlos en la parte final de la adolescencia. También creen que mediante la instrucción militar aprenderán a amar a la patria y a respetar a sus mayores. Cuestiones que deberían inculcarse en la casa.

Para algunos adultos es mejor que estén allí a que se vean expuestos a todo tipo de tentaciones, incluyendo las drogas, y para las familias campesinas, es posiblemente una de las alternativas si no tienen cerca una escuela agrícola, un colegio técnico o un seminario.

Para otros, las Fuerzas Armadas como las del país suenan a arcaísmo, y la forma en que se pretende llenar sus centros de entrenamiento reclutando obligatoriamente a los jóvenes es un atentado contra la libertad individual.

Para constatar lo poco preparadas que están solo hay que tomar en cuenta lo que ocurrió en los últimos días: ni siquiera han sabido concebir una estrategia de comunicación para liderar una campaña de captación de jóvenes y revertir la imagen negativa que prevalece hacia ellas. Basta con recordar el tiempo que ha debido transcurrir para admitir a mujeres en sus filas y realizar un recorrido por sus distintas instalaciones para concluir de qué estamos hablando.

Estamos ante entidades con problemas estructurales y de gestión que, antes que cobijar a más ciudadanos, precisan reinventarse para justificar su existencia y aggiornarse para tener razón de ser.


Fuente: UH