Un obispo con un gusto refinado dirige la mayor festividad mariana

Casullas de seda, brillantes, con finos diseños sacros. Ese es el tipo de vestimentas que se encuentran en el guardarropa de monseñor Ricardo Valenzuela, quien ya lleva dos años como guía religioso de la capital espiritual del país.

Llegó a fines de julio de 2017 y tras tomar posesión del Obispado de Caacupé avisó que su misión pastoral se caracterizaría por ser de salida, de estar cerca de la feligresía y, en especial, de los jóvenes.

Y cumplió. Lo que nadie sabía, solo el sacristán de la Basílica Menor, es que Valenzuela también le daría un toque personal al vestuario de los obispos.

"A él le gusta la vestimenta más linda. Él trajo todo esto porque no teníamos esto", comenta el sacristán Toribio Aliende y muestra una de las casullas de seda de color morado que simboliza el tiempo de adviento.

Compara con las vestimentas de tela común que están fuera del perchero. Su predecesor, monseñor Claudio Giménez, quien fue obispo de Caacupé durante 22 años, no tenía un gusto tan primoroso, según constata el sacristán.

Valenzuela también llevó su propia mitra. Tiene dos y dependiendo del día –dice Toribio– usa uno de los dos: una tiene la imagen de una paloma y otro de una santa.

"Claro que sí –admite el obispo su refinamiento–, para las cosas de Dios siempre quiero las cosas buenas y no algo así chalái (desaliñado). Son días de fiesta y tenemos que estar así para mostrar dignidad ante alguien, quien para nosotros es nuestro Rey, nuestro Señor. Para ello hay que estar siempre bien vestido; a la altura de la situación y de la circunstancia", argumenta.

Señala que una modista de alta costura consiguió traer esas telas de Roma, Italia, y confeccionó las casullas: tiene dos de color morado, la blanca que usará en la misa central del 8 de diciembre y otras de color verde, rojo y amarillo.

Las Hermanas Misioneras de la Catequesis del Cristo Rey se encargan de lavar, planchar y poner en orden el vestuario.

Para las cosas de Dios siempre quiero las cosas buenas y no algo así chalái (desaliñado).Ricardo Valenzuela, obispo de Caacupé

Para misas, dos damajuanas de 5 litros
Un vino especial para la misa, procedente de Argentina, se destina para las misas del novenario a la Virgen de los Milagros de Caacupé. Hilda Noguera, administradora de la Basílica Menor, cuenta que el vino lo consiguen del Mercado de Abasto. Es de la marca Cabrini y las damajuanas de 5 litros se almacenan en la Santería del Santuario.Señala que diez litros de ese vino se destinan para las misas que se celebran desde el día uno de la novena."Vino Licoroso Especial, Apto para la Santa Misa", reza en la etiqueta de esa bebida que se produce en la provincia de Mendoza.Toribio Aliende, sacristán de la Basílica, comenta que un litro de vino prácticamente se consume cada día, tanto para la celebración de las misas como en los encuentros de obispos. "Una damajuana de 5 litros dura apenas tres a cuatro días", dice y cierra que en época festiva llegan a circular dos damajuanas por semana.

Tres horas o más para vestirla
Hace 74 años se les encomendó la delicada misión de vestir a la Virgencita Azul a las hermanas misioneras catequistas del Cristo Rey, de Caacupé. Tres horas o más, inclusive, les lleva colocar cada pieza del vestuario y asegurar los mínimos detalles de sus adornos, según la hermana Anacleta Isasi Cardozo.En 1944 –reseña– se le encargó a su congregación la tarea de vestir a todas las imágenes de la Virgen de los Milagros de Caacupé. Además, ellas tienen a su cargo toda la blanquería de la Basílica: lavan, planchan y almidonan manteles, ñandutíes y el vestuario de los sacerdotes.A cuatro imágenes de la santa patrona se encargan de ataviar para la festividad mariana: una va a la réplica del primer templo en el Tupãsy Ykua; está la peregrina que va a la Sacristía, otra a la cascada del Santuario, y la auténtica, directo al altar de la Basílica.La hermana Anacleta cuenta que lo más delicado es el cabello y el aseguramiento de la corona.A sus 83 años de edad –cuenta– "es una alegría vestir a la Virgen". De los ornamentos de la capa azul se encargan las monjas carmelitas descalzas de Asunción.


Fuente: UH