Había sido que no somos tan blanquitos

La otra falsedad asegura que aquí no hubo esclavos de origen africano, por tanto no tuvimos abuelos "kamba" como en otros países de la región. Nos dijeron que "unos pocos negros" vinieron con el general uruguayo José Gervasio Artigas, pero fueron relegados a vivir en Kamba Kua. Por tanto, no había peligro de "negritud" en nuestra sangre.

Ya la querida Josefina Plá demolió parte del mito acerca de la esclavitud con su clásico libro Hermano negro. Más recientemente, laboriosos historiadores como Ignacio Telesca nos revelaron que sí hubo esclavos africanos en el Paraguay desde la época colonial y dedicados compositores como Rolando Chaparro, Mario Casartelli y Francisco Giménez, junto al ballet Kamba Kua, nos han demostrado cómo el ritmo de los afrotambores está muy presente en nuestra música.

Ahora estos mitos han terminado de ser derrumbados por la ciencia. Un reciente estudio realizado por el prestigioso Equipo Argentino de Antropología Forense, a iniciativas del incansable Rogelio Goiburú, director de Memoria Histórica y Reparación del Ministerio de Justicia, revela que el 85% de nuestro ADN mitocondrial es de origen indígena. En contrapartida, solo tenemos un 7% de origen europeo (¡sorry, beibi!), además un 7% de origen africano (¡mirá vos, había sido que sí teníamos abuelos negros!) y un 1% de origen asiático.

Este primer perfil genético de la población paraguaya es en realidad solo el bonus track de un trabajo aún más significativo y relevante que Rogelio Goiburú, médico y luchador por los derechos humanos, inició hace ya varios años, buscando saber qué pasó con los restos de su padre, el médico Agustín Goiburú, médico y militante político contra el régimen del general Alfredo Stroessner, quien permanece desaparecido desde que fue arbitrariamente secuestrado en el marco del Operativo Cóndor, en 1977, por represores argentinos y paraguayos, al igual que con los restos de otras muchas personas también desaparecidas por la dictadura.

Buscando datos, formulando preguntas, siguiendo huellas, realizando excavaciones en los fondos de la ex Guardia de Seguridad o en los campos de Caazapá, Rogelio y su entusiasta equipo han logrado recuperar los restos de hasta ahora 37 personas de los aproximadamente 425 casos detectados y con el trabajo solidario de los antropólogos forenses argentinos lograron identificar a los primeros.

Aún queda mucha tarea pendiente, pero la exposición de estos datos es la mejor noticia revelada, en vísperas del Día Internacional de los Derechos Humanos, este 10 de diciembre. Esta vez somos todos –y no solo los familiares de desaparecidos– los que podemos saber quiénes somos, de dónde venimos, para definir a dónde vamos.


Fuente: UH