Algo anda mal… algo no cierra con este tema

Lo cierto es que se percibe en el ambiente que algo anda mal con este tema. Hablamos de la llamada Ideología de género, un esquema teórico que viene generando obvias confusiones –sobre todo entre niños y adolescentes-, dejando de lado evidencias físicas y genéticas claras, rechazando el rasgo binario y biológico de la sexualidad humana; es decir, despreciando que el ser humano es concebido hombre o mujer; un principio evidente de por sí.

Según investigadores, el desarrollo de esta ideología se inicia en la última parte del siglo XX y se nutre de diversas corrientes de pensamiento de ese periodo. No obstante, se hace hegemónica a comienzos del XXI, con el apoyo de las grandes potencias.

El escritor español Fernando Paz va un poco más allá y señala que esta ideología "es en realidad la vanguardia de la revolución antropológica, una revolución invisible que está transformando el mundo tal y como lo conocíamos hasta el siglo XXI".

El papa Francisco, por su parte, habla de un cambio de época, mientras que Ratzinger lo define como la última rebelión de la criatura contra su condición de tal; "…el hombre moderno pretende librarse incluso de las exigencias de su propio cuerpo: se considera un ser autónomo que se construye a sí mismo".

Esta corriente establece, entre otros ejes centrales, que el hombre y la mujer pueden cambiar su sexo cuantas veces quieran, puesto que las diferencias entre ellos se deben fundamentalmente a construcciones sociales y culturales. Los datos que proporciona la naturaleza no interesan. Lo que prevalece es cómo uno se concibe. Y así uno puede llegar a casos descabellados, como el holandés que, apelando a esta ideología, demandó al Estado para que le quiten 20 años de edad, porque él "se siente joven", aunque no lo es.

Pero de esto no se puede hablar. Una triste autocensura para evitar ser calificados de retrógrados. Con apoyo de los medios y la utilización de términos difusos, amplios y poco precisos, como igualdad, tolerancia o derechos humanos, apoyar esta ideología hoy es considerado hasta signo de ser "progresista".

Pero lo concreto es que no cierra. No cierra que un niño o adolescente de 13 o 15 años tenga el "apoyo" para cambiar su sexualidad simplemente porque así "lo siente", y nadie pueda ni siquiera plantear un tratamiento como alternativa. No cierra que un padre de familia sea procesado porque rechaza que en la escuela su hijo de 5 años aprenda sobre sexo anal, como ocurre en Argentina y España. No cierra que un hombre que se siente mujer entre al baño de niñas adolescentes. Muchas cosas no cierran y de eso hay que hablar y con seriedad.

Frente a estas ideologías modernas, urge recuperar el uso de la razón; apuntar a la racionalidad como soporte de las prácticas y las reflexiones cotidianas. De lo contrario, seremos testigos de próximas generaciones afectadas por la confusión y la falta de identidad; esclavas de las emociones y alejadas de un necesario espíritu crítico y racional que nace del llamar al pan, pan, y al vino, vino.


Fuente: UH