El asesinato del periodista Santiago Leguizamón

Casi al mediodía del 26 de abril de 1991, Santiago Leguizamón, periodista y director propietario de Radio Mburucuyá, en la ciudad de Pedro Juan Caballero, Amambay, salió del local de la emisora para juntarse con los demás trabajadores y compartir un almuerzo de conmemoración por el Día del Periodista en un restaurante.

Sobre la avenida Rodríguez de Francia, en la esquina de la calle De Jesús Martínez, en plena línea fronteriza, un automóvil Volkswagen Gol color negro, con vidrios polarizados y puerta derecha abollada, estaba esperando. Había tres hombres a bordo. Tenían armas y una siniestra misión.

Eran las 12.15 del mediodía, en la llamada "terra de ninguen" o "tierra de nadie", que divide a Brasil y Paraguay, cuando dos de los hombres saltaron a tierra. Uno llevaba armas cortas, presumiblemente una pistola 9 milímetros y una 38 magnum, y el otro, una potente escopeta calibre 12 recortada.

¡Corré, salvate… yo ya no puedo!

Los disparos acribillaron el parabrisas. Herido y desfalleciente, Santiago aún tuvo fuerzas para gritarle a su secretario: "¡Corré, salvate… yo ya no puedo!". Cabral abrió la puerta y salió corriendo del auto, cuando escuchó la explosión final, el escopetazo que le arrancó a Santiago el ojo izquierdo.

Tras darle el tiro de gracia, los sicarios subieron al auto y cruzaron la frontera hacia Brasil. Según los forenses, 21 balazos impactaron en el cuerpo del periodista y le causaron la muerte.

Habían pasado dos años desde la caída de la larga dictadura stronista, cuando la mafia del narcotráfico y el crimen organizado en la frontera inauguraban el primero de una serie de violentos asesinatos a periodistas y comunicadores. Leguizamón había publicado varios reportajes investigativos sobre tráfico de drogas, lavado de dinero, contrabando de soja y robo de vehículos, que dejaban entrever una presunta complicidad entre los capos del crimen y el Gobierno del entonces presidente, general Andrés Rodríguez.

La Justicia paraguaya no investigó el asesinato. Por el contrario, acabó encubriendo a los autores. El crimen sigue en total impunidad. Aquel modus operandi de asesinatos por encargo se repetiría en los años siguientes de modo sistemático, causando la muerte de otros 16 periodistas y comunicadores.

Otro de los sonados casos fue el asesinato de Pablo Medina, corresponsal del diario ABC Color, junto con su acompañante Antonia Almada, ocurrido en la zona de Ygatimí, Canindeyú, el 16 de octubre de 2014.

Última Hora recuerda este acontecimiento en su revista especial publicada el 8 de octubre por su aniversario 45.

Fuente: UH