“Sin ley de paridad, no hay forma de que crezca la participación femenina”

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El Congreso Nacional argentino aprobó en noviembre de 2017 la ley de paridad de género que obliga a los partidos políticos a intercalar varones y mujeres en las listas legislativas. La normativa comenzará a implementarse en 2019. Incorpora además la igualdad de género a nivel partidario. Las listas deberán completarse con un 50% de representantes de cada sexo. Antes, en el 2016, la Provincia de Buenos Aires sancionó la Ley de Paridad de Género, según la cual las listas de candidatos a senadores, diputados provinciales, concejales y consejeros escolares deben incluir un 50% de personas de cada género en forma alternada y secuencial (varón-mujer o mujer-varón). El autor de este proyecto fue Sebastián Galmarini, quien también tuvo mucho que ver con la ley de carácter nacional.

–¿Qué le motivó a ocuparse del tema paridad y cómo reaccionaron sus pares?

–Yo fui autor material del proyecto previo al que definitivamente fue sancionado. Lo firmé dos veces en soledad. Para hacerlo, tuve muchas vertientes de inspiración. Una familiar: mi madre fue diputada y ha sido una activa participante de la Ley de Cupo, allá por el 91. Y en gran parte, la redacción y el trabajo del orden técnico están más vinculados a mi cercanía con la Ciencia Política, con la actividad académica universitaria. Soy docente y politólogo. Es difícil explicar por qué terminé siendo yo el promotor y en algún sentido también un actor en la sanción nacional. En la Argentina se dio un fenómeno inverso a la gran mayoría de los casos. Ya existían tres provincias más chicas con ley de paridad: Córdoba, Santiago del Estero y Río Negro. Cuando empezamos el debate en la Provincia de Buenos Aires, fue como un arranque de cero, el debate no estaba muy instalado en nuestro país todavía. De modo que fue toda una revolución la discusión alrededor de la norma y, obviamente, un efecto de movilización social importante, a favor y en contra.

–Si firmó dos veces la propuesta "en soledad", ¿significa que no contó con el apoyo de sus pares?

–Bueno, en el caso nuestro, el corte fue transversal. Mujeres y hombres por igual, a favor y en contra, y todos los partidos políticos con el mismo nivel de debate interno. De si estamos a favor, a quién le conviene, quién queda, quién se va. La especulación propia de la modificación de las reglas electorales. De hecho, mis propios compañeros de bancada, que tampoco me acompañaban ni en la firma del proyecto, ni en las reuniones de comisión, me decían por lo bajo: "Vos estás loco, vas a terminar suicidándote. Cómo un hombre va a firmar su propio certificado de defunción". El resultado fue exactamente lo contrario: Terminé encabezando la lista de senadores por mi provincia.

–¿Le parece normal que los partidos digan que no hace falta una ley de paridad, porque prevén cuotas de participación de las mujeres en sus estatutos?

–Eso no es cierto. En la práctica, Paraguay es uno de los países con menor índice de participación efectiva de representación femenina en las cámaras; están por debajo del 17% y, efectivamente, lo que sucede es que los ámbitos de discusión política, las horas de las reuniones, el financiamiento de las actividades necesitan de por lo menos un acompañamiento masculino y, a la inversa, lo mismo. Para que los hombres podamos hacer política, hay mujeres que están en las casas cuidando a nuestros hijos, haciendo las comidas, ocupándose de las actividades de nuestros hogares. De modo que este es un acuerdo, como en todos los casos, negociado al interior de las familias. Entonces, si se hace normalmente de las mujeres hacia los hombres, no veo por qué no puede ser al revés. O por qué no puede ser compartido como sucede en muchos casos: que hombre y mujer participan de la vida pública. Pero sin duda, sin una ley de paridad que establezca ese 50 y 50%, un hombre y una mujer, de manera alternada y secuencial, no hay ninguna chance de que crezca la participación femenina. De hecho, la prueba más fehaciente de ello es que en la Provincia de Buenos Aires, donde sancionamos la ley, ya se aplicó por primera vez en las últimas elecciones el incremento de la representación femenina fue fenomenal.

–¿De qué manera?

–Pasamos de una tasa promedio de 26%, que se amesetó desde la sanción de la ley de cupo de 33% mínimo en nuestra Provincia, a una orilla cercana al 47%. De manera que el crecimiento es exponencial. En secciones electorales, como está distribuida nuestra provincia, que estábamos en cero representación, logramos acceder a casi un 40 a 50%. Me parece que eso ya de por sí es cambiar la fisonomía y la dinámica de la gestión legislativa.

–¿Cómo se llegó a adoptar luego la ley para las candidaturas nacionales?

–Bueno hubo un proceso entrelazado con la movilización que generó el debate en Provincia de Buenos Aires. Tras la sanción de la ley aquí, vino una gran movilización nacional, aparejada a Ni Una Menos, y otras problemáticas vinculadas a la mujer y fundamentalmente a los hombres, pero que motivó una oleada de sanciones de leyes de paridad en otras provincias. La Argentina ya tiene casi la mitad de las provincias con leyes de paridad. Tras ello, se presentó el proyecto nacional y, en mucho sentido, este es similar a la ley de la Provincia de Buenos Aires, dado que tenemos un sistema electoral bastante parecido. Lo que se dio muy interesante en la Argentina es que no se mezcló el fin de la ley de paridad.

–¿Cómo es eso?

–Bueno, la ley de paridad es una norma vinculada a mejorar los índices de representación de la mujer en los órganos representativos, colegiados, en el Ejecutivo o en los órganos que estén en debate. De ninguna manera trae simplista y reduccionistamente atrás el debate del aborto, del matrimonio igualitario, etc. Es una falsedad. De hecho, en la Argentina se sancionó la Ley del Divorcio a mediados de los 80, sin tener cupo y sin tener paridad. Se sancionó la Ley del Matrimonio Igualitario con la representación producto del cupo; y hace unos meses, ya con muchas provincias con paridad, y la nación también, se rechazó la despenalización del aborto.

De modo que esa vinculación directa y simplista que hacen de esos temas, con mayor participación femenina, es errónea, porque además el corte sobre esos temas que están vinculados a las historias personales, familiares, religiosas, ideológicas cruzan transversalmente a todos los partidos y a los hombres y las mujeres. Muchas mujeres, de todos los partidos políticos de la Argentina, votaron en contra de la despenalización del aborto hace algunos meses.

–¿Qué más debe concurrir para que se de una igualdad sustantiva?

–La ley de paridad va a establecer una nueva dinámica legislativa y la incorporación de temas que no están en las entrañas de los varones. Sin la incorporación de las mujeres, nosotros no tenemos a la vista ni las diferencias salariales, ni las diferencias en las licencias por maternidad o paternidad, ni las horas laborales, en fin. Me parece que ahí se abre un debate hacia el camino de la igualdad sustantiva.

Fuente: UH